Clarice Lispector. Rostros, voces y gestos literarios.

Coordinadora: Elsa Leticia García Argüelles
Edición: Jonatán Aarón Piña García e Israel David Piña García
Editorial: Universidad Autónoma de Zacatecas y Embajada de Brasil, México
Año: 2021
ISBN: 978-607-555-071-8
Páginas: 297


Quiero ser anónima e íntima. Quiero hablar sin hablar, de ser posible. María Bethanía me conoce de los libros. Jornal do Brasil me está volviendo popular. Me regalan rosas. Un día paro. Para volver de vuelta. ¿Por qué escribo así? Pero no soy peligrosa. Y tengo amigos y amigas. Además de mis hermanas, a quienes me acerco cada vez más. Estoy muy próxima, de un modo general. Y es bueno y no. Siento que falta silencio. Yo era silenciosa. Y ahora me comunico, incluso sin hablar. Pero falta una cosa. Y voy a tenerla. Es una especie de libertad, sin pedirle permiso a nadie

No recuerdo ya dónde fue el comienzo, sé que no empecé por el princpio: por decirlo de algún modo todo resultó escrito al mismo tiempo. Todo estaba o parecía estar, como en el espacio temporal de un piano abierto, en las teclas simultáneas del piano. Escribí buscando con mucha atención lo que en mí se estaba organizando y que sólo recién después de la quinta paciente copia empecé a percibir. Empecé a comprender mejor lo que quería expresarse. Mi recelo era que, por impaciencia con la lentitud que tengo en comprenderme, estuviera apresurando antes de tiempo algún sentido

El proceso de escribir está hecho de errores la mayoría esenciales de valor y pereza, desperación y esperanza, de vegetativa atención, de sentimiento constante (no pensamiento) que no conduce a nada; no conduce a nada y de repente aquello que se pensó que era «nada» era el propio temible contacto con la textura de vivir: y ese instante de reconocimiento, de sumergirse anónimo en la textura anónima, ese instante de reconcimiento (igual a una revelación) necesita ser recibido con la mayor inocencia, con la inocencia de que estamos hechos. ¿El proceso de escribir es difícil?